Muchas veces nos cuesta superar esos retos que nos rondan por la cabeza. Cuando nos decidimos a decir que sí, a tomar ese vuelo en dirección otra ciudad para vivir en ella medio año, es cuando empiezan las despedidas, los “echaré de menos”… y todo esto sólo te lleva a un punto en tu vida. Un punto totalmente nuevo y diferente al cual te enfrentas con trescientos temores, pero reunes el valor para hacerlo. Decides subir al avión porque hay algo que te dice que ahora es el momento de hacerlo. Te das cuenta de que todo lo que tienes, lo que realmente tienes y has dejado en tu ciudad, en tu pueblo, lo vas a seguir teniendo ahí; siempre que vuelvas va a estar igual que cuando te fuiste. Entonces es cuando empiezan a preocuparte otro tipo de cosas como: ¿esto está hecho para mi? ¿no fue una decisión un tanto precipitada?… Llega un momento en que decides pensar que es normal tanta preocupación de golpe. Es normal preguntarte un sinfín de cosas que antes ni si quiera te habías planteado. Cuando sabes que lo que te pasa es incluso necesario para todo lo que llegará después, empiezas a disfrutar de todo lo que te rodea en este nuevo mundo, esta nueva ciudad, nueva gente, nuevos horarios, comida… El primer contacto real con tu nueva vida la disfrutas intensamente. Lo haces porque todo es nuevo. Y como dice James Redfield la experiencia produce una impresión de misterio y excitación y, como resultado, nos sentimos más vivos. Es una de las muchas razones por las que decidí venir. Quería coger rumbo pero no sabía hacia donde, y por circunstancias de la vida o casualidad (¿existen realmente?) llegué hasta este punto que no ha hecho más que empezar.

Venezia, Italy

Venezia, Italy

Venezia, Italy

Mons, Belgique.
Mireia R. Lopez
Brava!
Disfruta de todo eso nuevo, que es lo que nos hace mas grandes y evolucionar como personas!