Posted in octubre 2011

Entrefotos. Entre creación y pasión

Entre fotos, entre autores, entre luces. En un entorno tan lleno de ilusión cómo de profesionalidad. Un espacio dedicado a 35 fotógrafos, escogidos por sus proyectos, en el que cada uno muestra en su estado más puro su trabajo.

Es la XIII muestra de Entrefotos. ¿Lo mejor de la exposición? Entrar a la acogedora Sala la Lonja -en el Centro Cultural Casa del Reloj de Madrid- con una luz de media tarde, y pararse a ver cada una de las fotos ahí expuestas con la compañía del fotógrafo al mismo tiempo. Encontrar una fotografía que nos sorprende, mirarla y volverla a mirar, pensar, inspirarnos y sacar preguntas y conclusiones sobre ella; y entonces, saludar al autor de la imagen y poder hablar tranquilamente con él o ella sobre su obra, el porqué de ella y su recorrido. Este tracto que en tan pocas exposiciones, muestras o ferias se encuentra es realmente un punto a favor de esta organización. Ya no valen las figuras mediáticas [en fotografía] a las que tanto cuesta acceder. Al fin y al cabo, esa obra es fruto de todo un proceso que sólo el mismo autor sabe y puede explicar con palabras después de que veamos el proyecto. Ha sido un placer visitar esta exposición, hablar con diferentes profesionales y empaparnos de la creación y la pasión por la fotografía.



Mireia R.Lopez
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Inmensidad y absurdo

En este gremio no nos queda otra que ayudarnos entre nosotros; colaborar a descubrir qué tipo de fotografía es la que nos conecta con la realidad. Gracias a una compañera del Máster descubrí no hace mucho al fotógrafo Carlo Van de Roer; polifacético en el tipo de toma y con una mente abierta. El trabajo que he indagado sobre él me ha fascinado desde el primer momento sobretodo por el tratamiento de los claros; el uso del blanco, de la eterna ‘mancha blanca‘ difícil de controlar para que no quede quemado y sea un elemento estético. La organización de los elementos en la composición, en el proyecto Orbs o Swim, respira, está suelta, deja campo libre al observador para pensar. Simplicidad, elegancia, colores tonalidad pastel, agua, naturaleza en contacto con el ser humano (y al revés). Muestra la inmensidad que ocupa la naturaleza en el mundo racional, humano. ¿Cómo nos vemos a nosotros mismos en frente de ella? ¿Como algo absurdo e insignificante o al contrario? Van de Roer presenta sus proyectos con tal delicadeza que consigue transmitir serenidad y paz.

Mireia R.Lopez
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Somos nostálgicos por naturaleza

¿Cuánto podemos llegar a aprender en un día? ¿De qué depende nuestra capacidad para asimilar nuevos conceptos? El denominador común de ambas respuestas es tiempo y paciencia. Sin estos dos elementos el trabajo de un fotógrafo quedaría en la fase uno de la producción. Dejaría de seguir intentando sacar más fotografías porque la cuarta le serviría como válida. Tiraría un carrete en vez de dos para ahorrar sin saber que quizás en la siguiente toma estaría la imagen que buscaba. Desde lo más profundo de nuestra mente construimos la imagen en borroso de lo que queremos plasmar en el papel. Pasa por nuestro ojo observador, detallista y analista, hasta llegar a formarse en nuestra retina de forma nítida. Conseguir plasmar esa idea que tenemos interiorizada en una fotografía a través de la lente de nuestra cámara es sólo el comienzo de una nueva creación.

No sirve sólo con tener una buena toma, un buen escenario, modelos o luz. Es imprescindible que todo este entorno sea lo más adecuado y parecido a nuestro objetivo, pero no lo es todo; faltará el proceso de revelado y post-producción [hablo de la fotografía analógica]. Claro está que una mejor aproximación a la imagen que queremos transmitir nos ayudará a tener más claras las ideas para luego corregir los detalles visuales. El tiempo de exposición, la sensibilidad de la película, la profundidad de campo, el detalle, son algunos de los elementos a tener en cuenta para reunir las perfectas condiciones para nuestra mejor toma.

Cuando entramos en el laboratorio de revelado la sensación que me invade es nostalgia romántica por lo artesanal y pasión desbordada por la creación. Son sensaciones que combinadas dan como resultado horas de energía hasta llegar al cansancio. Tocar el papel, estar frente una ampliadora, cara a cara, controlar los tiempos de exposición de estas teniendo en cuenta que con un simple botón podemos tener un error de 1 a 10 segundos y esto, en fotografía, puede desperdiciar horas, días, meses de trabajo. Estar rodeado por tan sólo unas bombillas de luz roja que dan un ambiente al entorno es difícil de explicar en palabras si no se está ahí dentro.

Empezamos por lo básico: sacar el negativo del carrete y someterlo al proceso químico que va a transformar esas tiras, tan curiosas como llenas de vida, en fotografías. Una vez conseguidas, ya en mano, se puede vislumbrar cómo va naciendo esa imagen. Todo esto se realiza en la zona denominada zona húmeda del laboratorio; donde se reúnen los elementos químicos, cubetas, zona de lavado y pica. Se pasa a la zona seca: la ampliadora, una máquina que fue uno de los mayores avances en la fotografía. Ésta nos sirve para ampliar el negativo al tamaño deseado [dependiendo del tamaño de la ampliadora se pueden conseguir fotografías de hasta metros]. Y empezamos a controlar el tiempo de exposición teniendo en cuenta el filtro que vamos a usar, el nivel de contraste que queremos lograr y el efecto que buscamos en la fotografía. En ese momento, la información plasmada en el negativo se proyecta a través de la lente de la ampliadora y queda grabada como imagen latente [imagen existente la cual el ojo humano no puede ver, situada entre las capas del papel] en el papel.

De vuelta a la zona húmeda: las cubetas con los químicos pertinentes separados para revelador, paro y fijador. Este es el momento donde vemos nacer la imagen. Ese es el momento en el que se siente la adrenalina, la expectación y los nervios. Al colocar el papel en la primera cubeta con el revelador [solución química mezclada con agua que hace visible la imagen latente de un material fotográfico expuesto a la luz] se produce la reacción química entre el compuesto y las partículas de plata expuestos en el papel. En cuestión de segundos vamos viendo como del blanco del papel se empiezan a dibujar las manchas negras más oscuras, luego las tonalidades más grises y al final la parte menos expuesta a la luz que queda blanca. Este es el momento de la creación de la fotografía. En ese momento ya tenemos el embrión de lo que será la imagen que buscábamos. Después se pasa el papel por el paro, ya que el paso del revelador al fijador no es viable directamente; son productos químicos que no son compatibles uno seguido del otro. Y por último en el fijador para que cada tonalidad quede marcada en el sitio donde fue expuesto.

Al sacar el papel del fijador hay que pasarlo por la pica para lavarla con agua del grifo y dejarla reposar en la cubeta con agua en constante circulación para que se vaya renovando y esté limpia. Estos pasos en la zona húmeda hay que hacerlos con sumo cuidado y con las pinzas pertinentes para cada cubeta. No es de extrañar que a veces al sacar el papel del fijador sigamos utilizando la misma pinza para el paro [por experiencia al realizar el Taller de Revelado Analógico] pero es algo que con el tiempo y la práctica uno lo va aprendiendo para no fallar en el proceso. Igual que el ojo del fotógrafo cuida todo detalle en la búsqueda de la mejor toma; cuando se está en el laboratorio hay que ser igual o más cuidadoso en el tratamiento de la imagen.

Durante todo este proceso uno se da cuenta de la importancia que tiene ser paciente y esperar los tiempos a cada paso. La inquietud está bien fuera del laboratorio; una vez dentro hay que hacer caso a lo que nuestro ojo interior nos pide. El revelado analógico queda ya en manos de unos pocos. De unos pocos nostálgicos por la fotografía en sus inicios. Es una especie de romanticismo visual y técnico que al vivirlo da más sensación de creación que en el campo digital; sin desmerecer ninguno de los dos. Es la vuelta a lo artesanal, la lucha para mantener viva una técnica que fue la que posibilitó lo que hoy conocemos como fotografía. A veces es necesario volver de lo tradicional para darnos cuenta de las posibilidades que hoy tenemos. Es una nostalgia por lo antiguo, por las técnicas que pocos intentan preservar y otros muchos lo ven como una involución. Mantener esto vivo hace que todavía exista la buena fotografía en papel. La mejor forma es saber mezclar la nostalgia con el siglo XXI, todo un reto para los fotógrafos que nos estamos formando.


Mireia R. Lopez.
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Retrata el Rastro

Se trata de capturar la esencia del Rastro, pero del barrio, no del mercado de los domingos; un lugar sin duda de visita obligatoria. Valen las fotografías de las calles siguiendo su día a día; cuando la gente sube y baja por la Calle de la Ribera de Curtidores y los comerciantes descargan sus productos en la Calle de Mira el Rio Alta. No es una tarea fácil entrar en un barrio como el Rastro, el cual guarda una gran cantidad de historia, y salir con tan sólo 3 fotografías para presentar en el Concurso.

 

El pasado domingo me perdí por esas calles envueltas por los olores de las tapas; coloreadas por las ropas retro y vintage que vuelven a estar de moda. Entre los bolsos de cuero y los souvenirs ’I love Rastro Madrid’ tan obligatorios para los turistas se hacía un tanto difícil encontrar un hueco para tomar una buena instantánea. No obstante, un fotógrafo nunca se da por vencido cuando se trata de buscar el mejor enfoque, la mejor luz, el mejor encuadre. Hace tiempo descubrí que al no mirar la pantalla de mi querida Nikon D3000 después de tomar una foto; hacía que mi creatividad y búsqueda de la imagen no quedaran saciadas con la cuarta o quinta instantánea. Entendí lentamente que una buena imagen es la que al final del proceso se ajusta más al momento en el que fue tomada. Reviso las fotografías y cada una de ellas me recuerda el momento exacto en el que la tomé. Puedo incluso sentir el calor que hacía entre toda esa gente. El cantar de los vendedores ofreciendo sus productos a precios desorbitadamente bajos. Por eso ahora también entiendo que tomarse su tiempo, en fotografía o extrapolado a otro campo, es siempre positivo; aunque en su momento la impaciencia nos pueda. Prefiero no mirar cómo me quedó la fotografía al momento porque si me convence, dejaré de perseguir una mejor y me daré por satisfecha. La fotógrafa que hay dentro de mí me pide muchas veces paciencia, calma y serenidad. Todo conlleva su tiempo.

 


Mireia R. Lopez
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Camera eye

El meu ull no pot deixar de fixar-se en les coses més quotidianes sense imaginar-se com seria aquella imatge en fotografia. És per això que vaig crear el Camera Eye, un espai digital on publico les fotografies que desitjo compartir amb el món. L’inici d’un gran camí.

 


Mireia R.Lopez
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