Posted in noviembre 2011

El reloj de la cabeza

Que todo pasa más rápido de lo que podemos controlar no es algo que haya descubierto yo hoy. Llega un punto en el ir y venir de nuestros días que parece que el presente se nos escapa. Cuesta diferenciar el pasado más reciente del pasado antiguo; y saber distinguir que el presente en el que estamos son las puertas del futuro más inmediato. Es difícil concernir el tiempo en el que vivimos dada la velocidad de todos los acontecimientos. No nos damos cuenta de que el verano terminó que casi nos están obligando a decorar la casa con el árbol de navidad. El tiempo y las estaciones que cada vez se mezclan más entre ellas tampoco acompaña a entender; no ayuda a tener más clara la diferencia temporal y el paso de éste. Cierto es que el hombre, desde que ha tenido conciencia racional de sociedad; ha tratado por todos los modos de controlar ese tiempo. Al principio se medía el paso según la posición de la luna y el sol. Los egipcios fueron unos grandes maestros de la vida; nos han dejado un gran conocimiento sobre la concepción del tiempo; entre otras muchas aportaciones. Y hasta que llegó el invento del reloj…¡qué gran idea! Eso nos daba la posibilidad de tener control (aunque psicológico) del pasar de las horas, los minutos, los días.

Hoy, entre que nos levantamos, vamos al trabajo o a estudiar; hacemos las tareas; llega la hora de comer y ya estamos al principio de la tarde para terminar el día; no nos paramos a pensar en el espacio temporal. Ya sin hablar de los amantes del viaje (yo la primera) que entre subir y bajar a un avión, cambiar la hora del reloj y habituarse al nuevo horario, ya sí que nos parece que somos los dueños del tiempo. ¿O es al revés? ¿Es verdad que podemos controlarlo? Más bien parece un truco del subconsciente para mantenernos más tranquilos y no tener un sufrimiento más añadido a los miedos que ya tiene el ser humano. Si pruebas de diseñar un cuadro de tiempo para el día a día te das cuenta de que lo que estás haciendo y tenías planeado va formando parte del pasado a medida que el reloj va haciendo ese ‘clic, clic, clic’ (tan molesto) que nos indica que estamos en marcha. Pero no vale la pena asustarse por ello. Mejor subirse al tren con el reloj en la mano pero no en la cabeza.

Mireia R.Lopez
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¡Qué casualidad!

Cuantas veces nos ha sucedido que eso llamado ‘casualidad’ nos sorprende de la forma más inesperada. Ese momento decisivo en el que estamos en un lugar que debíamos estar porque nos tenía que suceder algo que nos iba a hacer pensar. ¿O quizás no sea así? ¿Sucede porque debía o fue algo aleatorio? Debido a mi experiencia con las ‘casualidades’ dejo de creer que sucedan sin ninguna explicación. Tampoco es que le encuentre explicación a todo lo que me sucede pero creo estar segura en que aún sin poder encontrar un argumento, las cosas no pasan sin más. Son situaciones que nos rodean constantemente, suceden en el día a día; sin hacer nada especial ni diferente. Tan solo levantarnos, coger el metro, a veces incluso nos cruzamos con gente que nos recuerda a personas cercanas a nosotros y pensamos en ellas. Luego escuchamos una canción en un tienda que nos evoca un sentimiento que tuvimos durante un viaje. Andando por la calle presenciamos el ir y venir de la gente que nos hace pensar en algo que teníamos en el subconsciente y que sale a flote.

No hace mucho viví una situación muy peculiar. Me reuní con un buen amigo y le presenté mis compañeros del Máster de Fotografía. Bien, hasta ahí nada ‘especial’. Al empezar a hablar con todos entre cañas y tapas se dio cuenta que había un chico que le recordaba a alguien, pero que (esa sensación que todos hemos vivido) no sabía si le sonaba o lo conocía realmente. Bien, al cabo de un rato de hablar y recordar momentos en los que podían haberse conocido; cayeron en que hace unos 6 años los dos coincidieron en una ciudad italiana y se conocieron por amigos en común. Voilà! ¿Cómo puede ser? ¿Alguien tiene algún tipo de explicación para eso? ¿O es que realmente esa situación debía suceder por alguna razón que no sabemos? Sea lo que sea, de momento no he encontrado respuesta alguna; y creo que es una tarea difícil de solucionar. Además, cada uno tiene sus experiencias que le hacen creer o no sobre estos efectos intangibles. Yo, de momento, sigo pensando que la casualidad no existe y que todo lo que nos sucede tiene su razón de ser.

Mireia R.Lopez
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Mireia R.Lopez
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