Filed under Filosofia de vida

in, out & between

Quan una cosa acaba, vol dir que una altra comença? O tot succeeix al mateix moment encara que només ens centrem en un fet? Sigui el que sigui que passi, quan ens centrem en una cosa, aquesta, acaba sortint bé si hi posem gust i ganes per aconseguir-ho. No parlaré de deixar de fumar, tema bastant cremat i mastegat, tot i que seria un grandíssim exemple. Tampoc dels propòsits que tant sentim a dir des del 31 de desembre fins avui encara. No cal dir què volem complir aquest any, cal canviar d’any per decidir-ho? Tampoc diré que la força de voluntat ho és tot quan et proposes una meta. Ho és en part, però no és l’únic element.

On vull arribar és a l’interior de tot plegat. Allà on es troba el més pur de cadascú. Allà on només nosaltres mateixos podem accedir i on només la nostra persona té dret a decidir què comença i què acaba. O en què es vol centrar. Estar a missa i volguer repicar campanes, com aquella dita; és una gran veritat. L’energia que tenim a dins és la que ens fa moure’ns d’aquí cap allà. És la que ens fa pensar en fer això o fer allò. És la que ens ajuda a caminar d’un costat a l’altre. Tothom en té; en més o menys mesura, o més o menys exterioritzada. N’hi ha que la porten tant a dins que quan la treuen es tornen més actius que el que és més cul inquiet. I n’hi ha, m’incloc, que quan deixen de fer coses tenen la sensació d’haver perdut les ales. Quan a vegades ens trovem en aquests moments no cal recrear-s’hi gaire. La vida també serveix per acceptar que allò que no va amb nosaltres ens passi de tan en quan per així valorar més els altres moments.

 

Com deia, a l’interior: és allà dins on només nosaltres mateixos hi podem accedir. L’energia és només una via per la qual canalitzem allò que volem transmetre. Cadascú de la manera que pot o millor sap. N’hi ha que pinten, que fan esport, que canten, que toquen un instrument. I n’hi ha que ho fan a través de la fotografia. Un dia una persona em va dir “ja entenc perquè fas fotos!” i jo tota curiosa li vaig preguntar perquè, “perquè no pots explicar tot el que tens al cap amb paraules!”. Per a mi, una via per expressar tot allò que en paraules no sé dir; axò mateix és el que tots tenim a dins i de tant en quan traiem a l’exterior. Cadascú d’una manera diferent. Com deia Cartier Bresson, gran referent per la fotografia, hem d’establir un equilibri entre els dos mons: l’interior i l’exterior, que formen un de sol; que és el que hem de comunicar. 

Mireia R.Lopez

El reloj de la cabeza

Que todo pasa más rápido de lo que podemos controlar no es algo que haya descubierto yo hoy. Llega un punto en el ir y venir de nuestros días que parece que el presente se nos escapa. Cuesta diferenciar el pasado más reciente del pasado antiguo; y saber distinguir que el presente en el que estamos son las puertas del futuro más inmediato. Es difícil concernir el tiempo en el que vivimos dada la velocidad de todos los acontecimientos. No nos damos cuenta de que el verano terminó que casi nos están obligando a decorar la casa con el árbol de navidad. El tiempo y las estaciones que cada vez se mezclan más entre ellas tampoco acompaña a entender; no ayuda a tener más clara la diferencia temporal y el paso de éste. Cierto es que el hombre, desde que ha tenido conciencia racional de sociedad; ha tratado por todos los modos de controlar ese tiempo. Al principio se medía el paso según la posición de la luna y el sol. Los egipcios fueron unos grandes maestros de la vida; nos han dejado un gran conocimiento sobre la concepción del tiempo; entre otras muchas aportaciones. Y hasta que llegó el invento del reloj…¡qué gran idea! Eso nos daba la posibilidad de tener control (aunque psicológico) del pasar de las horas, los minutos, los días.

Hoy, entre que nos levantamos, vamos al trabajo o a estudiar; hacemos las tareas; llega la hora de comer y ya estamos al principio de la tarde para terminar el día; no nos paramos a pensar en el espacio temporal. Ya sin hablar de los amantes del viaje (yo la primera) que entre subir y bajar a un avión, cambiar la hora del reloj y habituarse al nuevo horario, ya sí que nos parece que somos los dueños del tiempo. ¿O es al revés? ¿Es verdad que podemos controlarlo? Más bien parece un truco del subconsciente para mantenernos más tranquilos y no tener un sufrimiento más añadido a los miedos que ya tiene el ser humano. Si pruebas de diseñar un cuadro de tiempo para el día a día te das cuenta de que lo que estás haciendo y tenías planeado va formando parte del pasado a medida que el reloj va haciendo ese ‘clic, clic, clic’ (tan molesto) que nos indica que estamos en marcha. Pero no vale la pena asustarse por ello. Mejor subirse al tren con el reloj en la mano pero no en la cabeza.

Mireia R.Lopez
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¡Qué casualidad!

Cuantas veces nos ha sucedido que eso llamado ‘casualidad’ nos sorprende de la forma más inesperada. Ese momento decisivo en el que estamos en un lugar que debíamos estar porque nos tenía que suceder algo que nos iba a hacer pensar. ¿O quizás no sea así? ¿Sucede porque debía o fue algo aleatorio? Debido a mi experiencia con las ‘casualidades’ dejo de creer que sucedan sin ninguna explicación. Tampoco es que le encuentre explicación a todo lo que me sucede pero creo estar segura en que aún sin poder encontrar un argumento, las cosas no pasan sin más. Son situaciones que nos rodean constantemente, suceden en el día a día; sin hacer nada especial ni diferente. Tan solo levantarnos, coger el metro, a veces incluso nos cruzamos con gente que nos recuerda a personas cercanas a nosotros y pensamos en ellas. Luego escuchamos una canción en un tienda que nos evoca un sentimiento que tuvimos durante un viaje. Andando por la calle presenciamos el ir y venir de la gente que nos hace pensar en algo que teníamos en el subconsciente y que sale a flote.

No hace mucho viví una situación muy peculiar. Me reuní con un buen amigo y le presenté mis compañeros del Máster de Fotografía. Bien, hasta ahí nada ‘especial’. Al empezar a hablar con todos entre cañas y tapas se dio cuenta que había un chico que le recordaba a alguien, pero que (esa sensación que todos hemos vivido) no sabía si le sonaba o lo conocía realmente. Bien, al cabo de un rato de hablar y recordar momentos en los que podían haberse conocido; cayeron en que hace unos 6 años los dos coincidieron en una ciudad italiana y se conocieron por amigos en común. Voilà! ¿Cómo puede ser? ¿Alguien tiene algún tipo de explicación para eso? ¿O es que realmente esa situación debía suceder por alguna razón que no sabemos? Sea lo que sea, de momento no he encontrado respuesta alguna; y creo que es una tarea difícil de solucionar. Además, cada uno tiene sus experiencias que le hacen creer o no sobre estos efectos intangibles. Yo, de momento, sigo pensando que la casualidad no existe y que todo lo que nos sucede tiene su razón de ser.

Mireia R.Lopez
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Mireia R.Lopez
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Inmensidad y absurdo

En este gremio no nos queda otra que ayudarnos entre nosotros; colaborar a descubrir qué tipo de fotografía es la que nos conecta con la realidad. Gracias a una compañera del Máster descubrí no hace mucho al fotógrafo Carlo Van de Roer; polifacético en el tipo de toma y con una mente abierta. El trabajo que he indagado sobre él me ha fascinado desde el primer momento sobretodo por el tratamiento de los claros; el uso del blanco, de la eterna ‘mancha blanca‘ difícil de controlar para que no quede quemado y sea un elemento estético. La organización de los elementos en la composición, en el proyecto Orbs o Swim, respira, está suelta, deja campo libre al observador para pensar. Simplicidad, elegancia, colores tonalidad pastel, agua, naturaleza en contacto con el ser humano (y al revés). Muestra la inmensidad que ocupa la naturaleza en el mundo racional, humano. ¿Cómo nos vemos a nosotros mismos en frente de ella? ¿Como algo absurdo e insignificante o al contrario? Van de Roer presenta sus proyectos con tal delicadeza que consigue transmitir serenidad y paz.

Mireia R.Lopez
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