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¡Qué casualidad!

Cuantas veces nos ha sucedido que eso llamado ‘casualidad’ nos sorprende de la forma más inesperada. Ese momento decisivo en el que estamos en un lugar que debíamos estar porque nos tenía que suceder algo que nos iba a hacer pensar. ¿O quizás no sea así? ¿Sucede porque debía o fue algo aleatorio? Debido a mi experiencia con las ‘casualidades’ dejo de creer que sucedan sin ninguna explicación. Tampoco es que le encuentre explicación a todo lo que me sucede pero creo estar segura en que aún sin poder encontrar un argumento, las cosas no pasan sin más. Son situaciones que nos rodean constantemente, suceden en el día a día; sin hacer nada especial ni diferente. Tan solo levantarnos, coger el metro, a veces incluso nos cruzamos con gente que nos recuerda a personas cercanas a nosotros y pensamos en ellas. Luego escuchamos una canción en un tienda que nos evoca un sentimiento que tuvimos durante un viaje. Andando por la calle presenciamos el ir y venir de la gente que nos hace pensar en algo que teníamos en el subconsciente y que sale a flote.

No hace mucho viví una situación muy peculiar. Me reuní con un buen amigo y le presenté mis compañeros del Máster de Fotografía. Bien, hasta ahí nada ‘especial’. Al empezar a hablar con todos entre cañas y tapas se dio cuenta que había un chico que le recordaba a alguien, pero que (esa sensación que todos hemos vivido) no sabía si le sonaba o lo conocía realmente. Bien, al cabo de un rato de hablar y recordar momentos en los que podían haberse conocido; cayeron en que hace unos 6 años los dos coincidieron en una ciudad italiana y se conocieron por amigos en común. Voilà! ¿Cómo puede ser? ¿Alguien tiene algún tipo de explicación para eso? ¿O es que realmente esa situación debía suceder por alguna razón que no sabemos? Sea lo que sea, de momento no he encontrado respuesta alguna; y creo que es una tarea difícil de solucionar. Además, cada uno tiene sus experiencias que le hacen creer o no sobre estos efectos intangibles. Yo, de momento, sigo pensando que la casualidad no existe y que todo lo que nos sucede tiene su razón de ser.

Mireia R.Lopez
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Inmensidad y absurdo

En este gremio no nos queda otra que ayudarnos entre nosotros; colaborar a descubrir qué tipo de fotografía es la que nos conecta con la realidad. Gracias a una compañera del Máster descubrí no hace mucho al fotógrafo Carlo Van de Roer; polifacético en el tipo de toma y con una mente abierta. El trabajo que he indagado sobre él me ha fascinado desde el primer momento sobretodo por el tratamiento de los claros; el uso del blanco, de la eterna ‘mancha blanca‘ difícil de controlar para que no quede quemado y sea un elemento estético. La organización de los elementos en la composición, en el proyecto Orbs o Swim, respira, está suelta, deja campo libre al observador para pensar. Simplicidad, elegancia, colores tonalidad pastel, agua, naturaleza en contacto con el ser humano (y al revés). Muestra la inmensidad que ocupa la naturaleza en el mundo racional, humano. ¿Cómo nos vemos a nosotros mismos en frente de ella? ¿Como algo absurdo e insignificante o al contrario? Van de Roer presenta sus proyectos con tal delicadeza que consigue transmitir serenidad y paz.

Mireia R.Lopez
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Somos nostálgicos por naturaleza

¿Cuánto podemos llegar a aprender en un día? ¿De qué depende nuestra capacidad para asimilar nuevos conceptos? El denominador común de ambas respuestas es tiempo y paciencia. Sin estos dos elementos el trabajo de un fotógrafo quedaría en la fase uno de la producción. Dejaría de seguir intentando sacar más fotografías porque la cuarta le serviría como válida. Tiraría un carrete en vez de dos para ahorrar sin saber que quizás en la siguiente toma estaría la imagen que buscaba. Desde lo más profundo de nuestra mente construimos la imagen en borroso de lo que queremos plasmar en el papel. Pasa por nuestro ojo observador, detallista y analista, hasta llegar a formarse en nuestra retina de forma nítida. Conseguir plasmar esa idea que tenemos interiorizada en una fotografía a través de la lente de nuestra cámara es sólo el comienzo de una nueva creación.

No sirve sólo con tener una buena toma, un buen escenario, modelos o luz. Es imprescindible que todo este entorno sea lo más adecuado y parecido a nuestro objetivo, pero no lo es todo; faltará el proceso de revelado y post-producción [hablo de la fotografía analógica]. Claro está que una mejor aproximación a la imagen que queremos transmitir nos ayudará a tener más claras las ideas para luego corregir los detalles visuales. El tiempo de exposición, la sensibilidad de la película, la profundidad de campo, el detalle, son algunos de los elementos a tener en cuenta para reunir las perfectas condiciones para nuestra mejor toma.

Cuando entramos en el laboratorio de revelado la sensación que me invade es nostalgia romántica por lo artesanal y pasión desbordada por la creación. Son sensaciones que combinadas dan como resultado horas de energía hasta llegar al cansancio. Tocar el papel, estar frente una ampliadora, cara a cara, controlar los tiempos de exposición de estas teniendo en cuenta que con un simple botón podemos tener un error de 1 a 10 segundos y esto, en fotografía, puede desperdiciar horas, días, meses de trabajo. Estar rodeado por tan sólo unas bombillas de luz roja que dan un ambiente al entorno es difícil de explicar en palabras si no se está ahí dentro.

Empezamos por lo básico: sacar el negativo del carrete y someterlo al proceso químico que va a transformar esas tiras, tan curiosas como llenas de vida, en fotografías. Una vez conseguidas, ya en mano, se puede vislumbrar cómo va naciendo esa imagen. Todo esto se realiza en la zona denominada zona húmeda del laboratorio; donde se reúnen los elementos químicos, cubetas, zona de lavado y pica. Se pasa a la zona seca: la ampliadora, una máquina que fue uno de los mayores avances en la fotografía. Ésta nos sirve para ampliar el negativo al tamaño deseado [dependiendo del tamaño de la ampliadora se pueden conseguir fotografías de hasta metros]. Y empezamos a controlar el tiempo de exposición teniendo en cuenta el filtro que vamos a usar, el nivel de contraste que queremos lograr y el efecto que buscamos en la fotografía. En ese momento, la información plasmada en el negativo se proyecta a través de la lente de la ampliadora y queda grabada como imagen latente [imagen existente la cual el ojo humano no puede ver, situada entre las capas del papel] en el papel.

De vuelta a la zona húmeda: las cubetas con los químicos pertinentes separados para revelador, paro y fijador. Este es el momento donde vemos nacer la imagen. Ese es el momento en el que se siente la adrenalina, la expectación y los nervios. Al colocar el papel en la primera cubeta con el revelador [solución química mezclada con agua que hace visible la imagen latente de un material fotográfico expuesto a la luz] se produce la reacción química entre el compuesto y las partículas de plata expuestos en el papel. En cuestión de segundos vamos viendo como del blanco del papel se empiezan a dibujar las manchas negras más oscuras, luego las tonalidades más grises y al final la parte menos expuesta a la luz que queda blanca. Este es el momento de la creación de la fotografía. En ese momento ya tenemos el embrión de lo que será la imagen que buscábamos. Después se pasa el papel por el paro, ya que el paso del revelador al fijador no es viable directamente; son productos químicos que no son compatibles uno seguido del otro. Y por último en el fijador para que cada tonalidad quede marcada en el sitio donde fue expuesto.

Al sacar el papel del fijador hay que pasarlo por la pica para lavarla con agua del grifo y dejarla reposar en la cubeta con agua en constante circulación para que se vaya renovando y esté limpia. Estos pasos en la zona húmeda hay que hacerlos con sumo cuidado y con las pinzas pertinentes para cada cubeta. No es de extrañar que a veces al sacar el papel del fijador sigamos utilizando la misma pinza para el paro [por experiencia al realizar el Taller de Revelado Analógico] pero es algo que con el tiempo y la práctica uno lo va aprendiendo para no fallar en el proceso. Igual que el ojo del fotógrafo cuida todo detalle en la búsqueda de la mejor toma; cuando se está en el laboratorio hay que ser igual o más cuidadoso en el tratamiento de la imagen.

Durante todo este proceso uno se da cuenta de la importancia que tiene ser paciente y esperar los tiempos a cada paso. La inquietud está bien fuera del laboratorio; una vez dentro hay que hacer caso a lo que nuestro ojo interior nos pide. El revelado analógico queda ya en manos de unos pocos. De unos pocos nostálgicos por la fotografía en sus inicios. Es una especie de romanticismo visual y técnico que al vivirlo da más sensación de creación que en el campo digital; sin desmerecer ninguno de los dos. Es la vuelta a lo artesanal, la lucha para mantener viva una técnica que fue la que posibilitó lo que hoy conocemos como fotografía. A veces es necesario volver de lo tradicional para darnos cuenta de las posibilidades que hoy tenemos. Es una nostalgia por lo antiguo, por las técnicas que pocos intentan preservar y otros muchos lo ven como una involución. Mantener esto vivo hace que todavía exista la buena fotografía en papel. La mejor forma es saber mezclar la nostalgia con el siglo XXI, todo un reto para los fotógrafos que nos estamos formando.


Mireia R. Lopez.
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